martes, 9 de diciembre de 2008

Recordandote...vecino

A mis 9 años de edad se mudó, al edificio donde vivía, David, un chico que era más grande que yo muy coqueto, mujeriego, borracho, patán, el típico galán de barrio, a todas las chicas las traía comiendo de su mano.
Siete años después me decidí a hablarle e invitarle a tomar unos tragos en mi casa con unas amigas, lo cual aceptó, después de unas cervezas, un par de palabras dirigidas y muchos roces de manos...me besó.
No sé como pasó -más bien, no lo recuerdo- pero ya estabamos sólos en mi recámara, al principio me hice del rogar, no quería ni que me tocara -aunque dentro de mi deseaba que me besara de nuevo- pero después de mucha insistencía de su parte acepté.
Nuestros cuerpos ya estaban en éxtasis, cuando tenía que sonar el teléfono, salí de mi recámara con su playera -aún la recuerdo, era anaranjada y me quedaba enorme- al otro lado del teléfono estaba mi tía, queriendo que fuera a su casa, pero al oirme "un poco rara", mi tía, decidió ir a mi casa.
No sé como le hizó, pero en cinco minutos mi tía ya estaba ahí, no me dió tiempo ni de correr a mi vecino de mi casa, lo único y más estúpido que se me ocurrió, fué...¡esconderlo en el closet!
Fué la idea más estúpida que he tenido en mucho tiempo, por que al llegar mi tía lo primero que hizo fué buscar en el closet y !oh, sorpresa! mi vecino ahí escondido, antes de ponerme nerviosa, empezar a llorar y gritar en mi defensa lo único que se me ocurrió fué echarme a reir. ¡Jaja!
Trás una serie de insultos, humillaciones y gritos por parte de mi tía, mi vecino optó por irse, no sin antes pedir una disculpa por lo ocurrido - ¡jaja! pobre tipo- y por lo cual pensé jamás volverlo a ver.
Pero cual fué mi sorpresa que una semana depués del incidente, mi vecino me fué a buscar para invitarme unos tragos coquetos, así fué como empezó nuestra historia la cual duró tres meses.
Meses llenos de pasión desenfrenada hasta que me hartó, me hartó siempre lo mismo, me aburrió escuchar al oído las mismas palabras, así que mejor decidí -él dice: decidimos- terminar con lo nuestro, aunque a veces cuando lo veía con otras chicas me portaba coqueta, atrevida e insinuante lo que provocaba que lo abandonaran, me fuera a buscar y lo rechazara -¡ja! un poco posesiva- pero mi juego terminó cuando me cambié de casa.

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